Pepe Deluxé – Queen Of The Wave [2012]

Con el paso de los años, la praxis del establishment editor discográfico apenas ha cambiado. Ballenas muertas como en la bahía de Mason ocupan un ostentoso palco con comprensión intelectual nula. Para poseer tal comprensión es imprescindible un trabajo de campo y desde el ático de sus templos dorados apenas tienen visión periférica del mundo que se gesta bajo sus pies. Todas esas plataformas online, software de gestión o sistemas de promoción músico-social están muy bien para el currículum de un estudiante de informática pero una vez obtenido el triunfo, el dinero extirpa las ideas. La música, como expresión artística, no atiende a leyes obtusas más allá de las autoimpuestas, huye de los modelos. Astor PiazzollaRichard WagnerRay Charles… rompieron sus estatutos internos, se enfrentaron a disciplinas estéticas en tiempos donde ser trasgresor era motivo de rechazo de sus colegas, bastante rígido cuando radiar singles era la única fuente de ingresos. Con los años, se han concedido como nuestros emblemas gráficos, dieron la cara y las masas los identifican como verdaderos creativos. Y, pese al mérito, no eran mucho más que eso, creativos. Brian Eno al ambient, Lou Reed al noise o John Cage al serialismo… los recursos no-estéticos que nacían en los albores del siglo XX y serían decomisados con el apodo francés avant-garde hacia finales de los ’50, han enterrado verdades necesarias. Avanzar en guardia. Cómo se ha vulgarizado un concepto militar que implica explorar el mundo hasta arriesgar el mezquino status quo de artistas que, como aquellas ballenas muertas, sufren de tedio y escasez creativa.

Ciertas obras merecen una atención que nunca obtuvieron y probablemente nunca alcancen. Escucharlas en un autobús mientras la alerta del WhatsApp parpadea tintineante es, simplemente, insultarlas. La creación artística más allá de su nivel de transgresión, la cual viene siempre supeditada a su marco histórico-temporal, no necesita excusa para ser asimilada. Por sí misma, como fin, se justifica. Y cualquier primate lo entendería de no ser porque nuestro entorno social engendra iconos, símbolos obesos, aquellos emblemas que taparon la cara de los auténticos vanguardistas. Si bien el icono es el torso bronceado de un modelo, ¿qué es el diorama vertebral que lo soporta? Ello no anula la validez plástica de los iconos, pero convive todo un ecosistema por desenterrar más allá de húmedos sótanos poblados por colecciones de vinilos quiméricos y custodiados por estetas megalómanos. Internet tiene sus ventajas y toda herramienta debe aprender a usarse.

Vanguardia se asocia a “invención y nuevo”. Dos errores de base se dan entonces: ni se inventa ni tiene porqué ser insólito. ¿No es trasgresor crear un producto ajeno a su tiempo? Exclusivamente la improvisación pura es invento. Vivimos un post presente confuso donde las barreras se diluyen y acotar con palabras cualquier fruto es quedar en ridículo; entiéndase el eufemismo. Cuando los chavales durante generaciones se agrupan a compartir gustos y opiniones de acercamiento nunca expresan “me gusta el discopop sueco de finales de los ’70”, dirán “ABBA molan”. Nombres propios, entidades creadoras. Por tanto, existe un excelente sustrato para cultivar formas con libertad donde ya se ha arriesgado lo necesario pero cae en saco roto debido a los cánones impuestos por las ballenas muertas. Desprenderse del anonimato no va de la mano con el talento, ni ser invisible la inherente ausencia del mismo. Ya el provocativo Frank Zappa enriqueció este discurso tan absurdamente manido con su lapidario «la cantidad de discos vendidos no es indicativo de si la música es buena o no». Zappa, como pocos, desafió a quienes ostentaban el poder consciente de su genuina creatividad y visión periférica. Porque creer que la popularidad confiere certeza condena la etimología misma de la palabra popularidad. La vanidad de los falsos críticos ha conformado nuestra historia moderna, marginando con falaces afirmaciones y nulo criterio lo que han estimado olvidable. Concatenando esas dos conclusiones podemos entender por qué las cosas están como están.

Pepe Deluxé (si no te agrada el nombre recuerda West Coast Pop Art Experimental Band) hacen las cosas con devoción y honestidad. No queda ninguno de los dj’s fundadores, Show y JA-Jazz, y han cavado una brecha visible con su pasado trip-hopero, cuando Morcheeba y Gorillaz se formaron. Los muestreos de sonido han desaparecido para dar paso a la originalidad más refinada y elocuente. Tampoco esconden sus influencias, y Queen Of The Wave es una mesmerizante ópera pop dividida en tres piezas donde lo ácido de Creedence Clearwater Revival, lo erótico-festivo de Procol Harum se funde con un pop bailable de Small Faces o los arreglos corales de unos surfistas The Association. Nada ni nadie se escapa. Podría decirse que cayeron a la pila bautismal de Dick Dale, crecieron con Jethro Tull y fiestearon con The Roots. La gestión comunicativa de tan dispares entidades es llevada a cabo sin fisuras, con celebrables arpegios, coros amigables robados del SMiLE y melodías de eterno devenir como un céfiro marino que acude fugazmente al olfato cuando la memoria acierta a traerla. Woodstock fue preciso para una época, ¿qué necesitaríamos ahora?

LOL

Las notas a pie de página de estos cuarenta y ocho minutos son cientos, con una mimada atención al detalle y un exquisito sentido de la mesura. Tal vez Human Equation, de Ayreon o el Snow de los Spock’s Beard puede traerse a comparar como obra conceptual única en la música reciente, pero no por complejidad, sino por ambición. La Czech Film Orchestra arde con la esotérica batuta de Paul Malmström, colaborador a tiempo completo residente en NYC, dotado ahora de toda la autoridad y capacidad de ejecutar con destreza más de veinte instrumentos de heterogénea índole. Bajo la corteza de un Hammond B3 o un Minimoog, el contrapunto del clavicordio y las guitarras fuzzy emerge un tamiz de insólita beldad, un hábitat vívido y excitante que respira. Acuñar esta placa como ‘rock progresivo’ es tan denigrante como adjetivar vintage a lo axiomáticamente rancio. La jungle de imágenes atlánticas que se conforman aquí quizás vistan como un esperpento tróspido pero esconden un alma inocente y parnasiánica. Aquí subyace innovación consciente y vanguardia por descarte. Tal vez no debamos rendirnos al pesimismo y recordad que The Flaming Lips consiguió aunar ese fenómeno de fans satisfechos, críticos maravillados y una selecta turba fanatista que escribe críticas en webs sin mucho pulso. No obstante, es un trabajo que ha nacido quebrado: dentro de once meses nadie mencionará en sus quinielas de mejores discos del año 2012 una elusiva ópera con obsolescencia exigida. Al igual que Portugal. The Man o Porcupine TreePepe Deluxé es una rara avis que las arenas entierran inmisericordes y por sus propias virtudes, apelo al descubrimiento. La recompensa merecerá la pena a tenor de cada consecuente escucha.

En Internet pueden encontrarse decenas de anécdotas girando entorno al disco: Paul se vio obligado a retrasar el lanzamiento del álbum durante dos años a fin que fuese revisado el instrumento más grande del mundo, el Great Stalacpipe Organ, para el cual compuso específicamente una pieza. Y todas las complejidades de registrar el sonido de tal imaginería  fueron reducidas a un intervalo de apenas dos minutos en el cierre del segundo acto de la ópera. Y así, siempre buscando el plano mágico de la musa desbocada, sin abstracciones. Durante el conjunto, persiste un acusado aroma a ciencia ficción de estética cinematográfica, huelga citar el nombre del maestro Ennio Morricone, un tratamiento vocal teatral y actoral enriquecido con acertados panoramas y microfonía pre-amplificada de gran diafragma con absoluta ausencia de correctores de tono o cualquier plug-in más allá de las reverbs convolutivas propias en la salas de grabación. Sin llegar a la oscuridad de Lucio Fulci, puede imaginase específicamente al agente secreto James Bond recorriendo ciudades como un diablo elegante (Grave Prophecy). Y la lista podría seguir ad infinitum, con ecos de folk húngaro (Contain Thyself), italodisco (Go Supersonic!), Mr. Bungle sampleando a Tom Jones, los momentos de lacónica lucidez en The Mars Volta o la visión estética de Salaam Remi… Como un cuerpo de mujer, las ondas se organizan formado un ensamble perfecto de ebúrneo empaque, pues han tenido los cojones de componer música fuera de su tiempo sin oler a naftalina cual camisa de Los Diablos, y dilucidar un futuro sin tanta compostura. Rodeados de talentosos camaradas, James Spectrum se perfila como uno de los mejores productores vivos empapando de química lo-fi desde los controles los doce temas, dos de ellos actuando como opening o puentes, doce temas creados para ti porque, al final todo ésto sólo es música, pero será TU MÚSICA. Obviamente, la presente crítica no hace justicia alguna a semejante ejercicio donde las raíces negras (jazz, blues, soul y funk) se entretejen con las caucásicas para parir, tras seis años de gestación, a un héroe multidisciplinar que cargará como Sísifo toda la deuda de los neófitos y los pedestres. Una magnum opus.

Anuncios

Un pensamiento en “Pepe Deluxé – Queen Of The Wave [2012]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s