Black Flag – Slip It In [1984]

Cuando en mi primera banda adolescente, le repliqué al batería que siguiera el mismo tempo y no se acelerara, él me regaló una frase que todavía estudio: «la música no se piensa, se siente».  Sigo creyendo que el ritmo es fundamental, al igual que los pies de un poema miden la velocidad de la lectura, entre otros factores, aunque compongas cuarenta minutos de colchones noise mezclado con el audio de alguna cinta snuff perdida por internet, el ritmo ordena el caos. ¿Puede acaso concebirse la música exenta de ritmo, o es algo inherente imposible de disociar?

El punk no vive de un anecdotario pasado, es una oda a sentimientos inmediatos, una forma directa de furia y sin cortapisa. Como esencia pura, excesiva y áspera, es la vida en presente. Pero el punk también es altamente rítmico. Cuando Slip It In salió al mercado, Black Flag ya habían muerto, ni siquiera eran punk —demasiado lentos, llegando a doblar la duración de sus cortes—. Eran demasiado buenos para el punk, me dijo un amigo. Si la música empieza donde acaba el lenguaje, ellos dejaron de comunicarse con el público. Sea como fuere, quedaban pocos años para que Black Flag se disgregase y con ello el movimiento hardcore tal cual lo imaginaron. Como a Minor Threat, el tiempo los amansó y su mensaje pasó a ser pastiche de generaciones venideras.

Henry Rollins of Black Flag

Menos de cuarenta minutos premeditadamente inmaduros, con pose psychobilly, lo mejor de la banda está aquí. Lo peor también, un perfecto resumen. Riffs sangrantes, letras sexuales y mugre, pero también novedad. Parte de la culpa la tuvo el nuevo cantante, Henry Rollins, futura carne de MTV y responsable de co-componer más de la mitad del disco… aunque el espíritu primigenio de Greg y Keith seguía intacto.

Quizá pequen de intentar ser algo que no son, pero honestidad no les falta. Variado como un área metropolitana, separó a la audiencia y fomentó la creatividad que reciclaron los pesimistas del grunge de finales de los ‘80. Sirvió como puente germinal para distintas disciplinas y abrir mentes a futuros músicos de cochera. El jazz, la forma de expresión más libre interpretada por los músicos más académicos, se da de carácter directo en este LP; hasta puede considerarse hilarante encontrar la etiqueta punk en un producto que contiene una crimsomniana pieza, instrumental y de ‘larguísima’ duración como Obliteration. Por todo ello es aconsejable acercarse a él con total ausencia de perjuicios y ánimo de disfrute. Los intelectuales muertos resucitaron.

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